La motocicleta es un tipo de vehículo especialmente vulnerable ante cualquier fallo técnico. Problemas en elementos como los neumáticos, los frenos, la suspensión o el sistema de iluminación afectan de forma directa y mucho más crítica a la seguridad del conductor en comparación con otros vehículos. Por ello, resulta fundamental mantener la ITV al día.
Esta necesidad cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta que la siniestralidad de los motoristas cerró 2025 con la cifra más alta de fallecidos de la última década. Para abordar el papel de la ITV en este contexto, entrevistamos a Sergio Crespo, director técnico de la Asociación Nacional de Empresas del Sector de Dos Ruedas (ANESDOR).
- Desde la perspectiva del sector de las dos ruedas, ¿cómo puede la inspección técnica contribuir a reducir la siniestralidad en motocicletas y ciclomotores?
Existen múltiples factores que influyen en la siniestralidad de las motocicletas, como el comportamiento de los usuarios de la vía, el equipamiento o el estado y adaptación de las carreteras, pero si nos centramos en el vehículo, la ITV desempeña un papel fundamental; ya que permite asegurar que, durante toda su vida útil, el vehículo se mantenga en condiciones seguras de circulación. Por ello, es imprescindible contar con inspecciones periódicas y que estas evolucionen al mismo ritmo que las nuevas tecnologías de seguridad que incorporan los vehículos. Solo así se puede asegurar que dichos sistemas funcionen correctamente y contribuyan a la seguridad del usuario.
- Con la incorporación de tecnologías avanzadas de seguridad en motocicletas, como ABS, control de tracción o sistemas de asistencia electrónica, ¿qué retos plantea la ITV para verificar que estos sistemas funcionen correctamente durante la vida útil del vehículo?
El desarrollo tecnológico de las motocicletas supone un desafío importante, especialmente en el ámbito de la inspección técnica. En el caso de la categoría L, que engloba motocicletas y vehículos ligeros, nos encontramos con una gran heterogeneidad: desde pequeños escúteres urbanos hasta motocicletas de gran cilindrada, triciclos o cuadriciclos.
Esta diversidad implica que la implementación de tecnologías varía significativamente en función del fabricante y del uso del vehículo, lo que complica su verificación en las ITV. Por ello, es fundamental la colaboración entre industria, reguladores y operadores para que la homologación y normativa permita adaptar progresivamente los procesos de inspección. Es un reto, pero también una oportunidad para avanzar de forma conjunta.
- De cara al futuro, ¿qué papel considera que deben desempeñar los nuevos sistemas de seguridad en motocicletas dentro del marco de la ITV, tanto para la protección del conductor como para la seguridad vial general?
La ITV es, ante todo, una inspección de seguridad y de protección del medio ambiente. Sin embargo, no debe convertirse en un proceso de rehomologación ni en una revisión exhaustiva, ya que debe seguir siendo accesible, ágil y viable tanto para los usuarios como para los operadores.
El reto está en encontrar el equilibrio entre garantizar la seguridad y mantener un sistema eficiente. En este sentido, es clave que las normativas de homologación y las de inspección técnica vayan siempre alineadas, de forma que los fabricantes puedan prever desde las fases de diseño la inspección de estos sistemas a lo largo de la vida útil del vehículo.
Además, conviene no perder de vista los aspectos básicos, que siguen siendo esenciales, como por ejemplo el estado de los neumáticos, posibles fugas de líquidos, el funcionamiento de la suspensión o la ausencia de elementos cortantes o peligrosos. España ya es un referente en la inspección de motocicletas y vehículos ligeros, por lo que el objetivo debe ser continuar mejorando el sistema actual e integrar progresivamente las nuevas tecnologías sin descuidar estos fundamentos.
Para ver el vídeo de la entrevista a Sergio Crespo, se puede visitar en el canal de YouTube de la asociación.

