AECA-ITV explica cuál es el impacto que tienen factores como el frío, las heladas y la humedad en los vehículos que duermen a la intemperie. Desde la asociación explican que no todos los vehículos se ven afectados de la misma manera y ofrecen recomendaciones para reducir las consecuencias de las bajas temperaturas.
Durante los meses de invierno, miles de vehículos duermen cada noche a la intemperie, expuestos al frío, a la humedad o a las heladas. Esta situación puede acelerar la oxidación en bajos, frenos, dirección, suspensión o tornillería. Los discos y pinzas pueden oxidarse, las gomas se agrietan, las escobillas se endurecen y los faros pueden presentar condensación persistente. Además, los cambios térmicos bruscos generan tensiones en el vidrio que, si existe un pequeño impacto previo, pueden provocar fisuras.
Aunque estas consecuencias son comunes para todos los vehículo, desde AECA-ITV recordamos que el frío no afecta por igual a todos. Gasolina, diésel, híbridos y eléctricos reaccionan de forma distinta a las bajas temperaturas, y conocer esos efectos es clave para prevenir averías, alargar la vida útil del vehículo y circular con seguridad.
Los vehículos diésel y los eléctricos son los que más acusan el frío intenso. En los diésel, el gasóleo se vuelve más denso y la combustión en frío es más exigente, lo que obliga al motor a trabajar en condiciones menos favorables. En los coches eléctricos, el impacto se produce en la batería: el frío ralentiza las reacciones químicas internas, reduciendo temporalmente su rendimiento y, con ello, la autonomía.
Cómo afecta el frío según el tipo de vehículo
Cada tecnología presenta puntos especialmente vulnerables cuando el vehículo duerme en la calle:
- Gasolina: bujías, bobinas, batería de arranque y sensores.
- Diésel: sistema de postratamiento de emisiones contaminantes (filtro de partículas, catalizador, etc.), sistemas de precalentamiento, bomba de combustible y batería de arranque.
- Híbridos: batería de 12V, batería de tracción y sistemas electrónicos en arranques en frío.
- Eléctricos: batería de alta tensión, climatización, sensores y sistemas de carga.
En los motores diésel, las bajas temperaturas retrasan la llegada a la temperatura óptima de funcionamiento, lo que dificulta, por ejemplo, la regeneración del filtro de partículas favoreciendo la acumulación de hollín con el correspondiente aumento de emisiones contaminantes. Además, un lubricante inadecuado para el frío incrementa el desgaste interno del motor.
En los vehículos de gasolina, el frío reduce la capacidad de la batería y aumenta la resistencia eléctrica. Si bujías o bobinas están desgastadas, pueden aparecer fallos de encendido y tirones en los arranques en frío.
Los híbridos concentran los inconvenientes de ambas tecnologías: el motor térmico sufre los efectos del arranque en frío y, al mismo tiempo, las baterías y sistemas electrónicos requieren más esfuerzo para alcanzar su temperatura de funcionamiento óptimo. En general, todas las baterías pierden capacidad con el frío, lo que se traduce en una reducción de la autonomía.
En los vehículos eléctricos, aunque no existe motor de combustión, el rendimiento depende directamente del comportamiento químico de la batería. El frío provoca una pérdida temporal de autonomía, incrementa el consumo del sistema de climatización y puede alargar los tiempos de carga. En temperaturas extremas, incluso los cargadores pueden limitar la potencia hasta que la batería alcanza su rango térmico ideal.
Recomendaciones de AECA-ITV para vehículos que duermen en la calle
Para reducir los efectos del invierno, AECA-ITV recomienda:
- Revisar periódicamente la batería, la presión de neumáticos, los niveles de líquidos, las luces, los frenos y las escobillas.
- Evitar contrastes térmicos en el parabrisas (principalmente en días de heladas) y utilizar protectores cuando sea posible.
- Conducir con suavidad en los primeros metros para permitir que el motor alcance su temperatura en las mejores condiciones.
- En vehículos eléctricos, comprobar el estado de la batería, planificar las cargas, revisar cables y conectores y mantener el software actualizado.
Además, durante los meses fríos, una comprobación mensual de los elementos básicos y el seguimiento del mantenimiento del fabricante ayudan a evitar imprevistos. Además, contar con la ITV en vigor es esencial, ya que solo una inspección técnica imparcial y rigurosa permite detectar fallos que, de otro modo, pasarían desapercibidos

