Un filtro de aire sucio, una batería en mal estado o unos neumáticos con la presión incorrecta pueden disparar el consumo de combustible de un vehículo hasta en un 10%. AECA-ITV repasa qué piezas influyen más en la eficiencia del vehículo y cómo una comprobación a tiempo ayuda a ahorrar en cada repostaje y a reducir el impacto ambiental de cada viaje.
Con los precios del combustible siempre en el punto de mira y miles de kilómetros por delante este verano, ahorrar en cada repostaje es una prioridad para cualquier conductor. Pero pocas veces se repara en algo esencial: un vehículo mal mantenido no solo es un riesgo para la seguridad vial, también consume más y contamina más de lo permitido.
Desde AECA-ITV explican qué piezas y sistemas del vehículo influyen más en su consumo de combustible, y por qué una comprobación a tiempo puede marcar la diferencia en el bolsillo y en el medio ambiente.
Piezas que, en mal estado, disparan el consumo
El mal funcionamiento de determinados componentes puede suponer un aumento considerable del consumo de carburante, aunque a simple vista el vehículo parezca circular con normalidad:
- Filtros de aire sucios: un filtro en mal estado limita la cantidad de aire que llega al motor, obligándolo a trabajar más de lo debido. Esto puede aumentar hasta un 10% el consumo de combustible.
- Bujías en mal estado: son las encargadas de generar la chispa que produce la combustión. Si no están en buenas condiciones, ni el consumo ni el control de las emisiones de gases pueden garantizarse.
- Batería en malas condiciones: una batería deficiente puede no suministra suficiente energía a las bujías, lo que también se traduce en un mayor consumo de carburante.
- Presión incorrecta de los neumáticos: circular con las ruedas poco infladas aumenta la superficie de contacto con el asfalto y puede elevar el consumo hasta en un 5%.
Son averías o situaciones que rara vez se detectan a simple vista, pero que sí aparecen en una inspección técnica. De ahí la importancia de las comprobaciones periódicas que se realizan en las estaciones de ITV: permiten identificar fallos que, de otra manera, pasarían desapercibidos hasta que ya estuvieran afectando de forma notable al bolsillo del conductor.
La forma de conducir también pesa en el consumo
El estado mecánico del vehículo es solo una parte de la ecuación. Según datos de la DGT, unos buenos hábitos al volante pueden reducir hasta un 15% las emisiones del vehículo y, con ellas, también el consumo de combustible. Algunas recomendaciones sencillas para lograr una conducción más eficiente son:
- Al arrancar, no es necesario acelerar: hacerlo solo consume combustible de forma innecesaria.
- Utiliza la primera marcha únicamente para iniciar la marcha, sin necesidad de acelerar en exceso.
- Anticipa el cambio de marcha: elevar las revoluciones más de lo necesario desgasta más el motor y contamina más.
- Circula con marchas largas a bajas revoluciones el mayor tiempo posible.
- Mantén una velocidad lo más uniforme posible, evitando acelerones y frenazos innecesarios.
- Aprovecha el freno motor siempre que puedas: el consumo en ese momento es cero y, además, reduces el desgaste del sistema de frenos.
Un doble beneficio: para el bolsillo y para el medio ambiente
Con el aumento de los desplazamientos de largo recorrido que trae consigo cada verano, estas recomendaciones cobran especial relevancia. Un vehículo bien mantenido y una conducción eficiente no solo ayudan a ahorrar combustible en cada viaje: también reducen el impacto ambiental de la movilidad en las fechas de mayor tráfico en carretera.
Antes de salir de viaje, no está de más comprobar el estado de los filtros, la batería y la presión de los neumáticos, y recordar que la realización de la ITV puede ser, precisamente, el momento en el que se detecten a tiempo muchos de estos fallos que afectan tanto a la seguridad como a la eficiencia del vehículo.

